Plegaria por las abejas
sábado, 6 de julio de 2024
Primer Premio en el IX Certamen de Microrrelatos Alborán.
sábado, 8 de junio de 2024
Tercer Lugar del IV Certamen Internacional Espejo de Alicante en la categoría Poesía de Expresión (verso irregular: libre)
lunes, 22 de abril de 2024
Seleccionada por la Asociación Cultural Le Circle de la Pobla de Valbona, para integrar la exposición de Haikus, en La Casa Gran, en el marco del I Certamen de Haikus organizado por la asociación. (Enero, 2024).
¡Hasta la Pobla de Valbona han llegado las abejas de Mendoza! El certamen consistía en un haiku con temática sobre la naturaleza, al que podía agregarse una imagen.
Rescate
Abeja, vive:
las flores ya
abrieron.
No tengas miedo.
Segundo Premio del II Certamen Berta Wilhelmi organizado por el Ayuntamiento Pinos Genil de Granada, en el programa de las II Jornadas Berta Wilhelmi con la temática “Historias de mujeres” y publicada en la antología de poemas ganadores y finalistas (Marzo, 2024).
Su nombre resuena en España y en Pinos Genil que organiza, desde hace ya dos años, un certamen de poesía sobre "Historias de mujeres", en la Clausura de las Jornadas sobre Berta Wilhelmi.
Mi poema se congració con el segundo lugar y aquí lo publico. ¡Muchas gracias al Ayuntamiento de Pinos Genil y a la Diputación de Granada por este reconocimiento tan bonito!
El
cantar de las flores
Una mujer llevando a otra, ambas vivas,
orgullosas y bendecidas.
Una, más grande, parece el mar bravío,
de corazón encrespado y salado,
aquel de jardines profundos y de
caracolas que recibieron a Alfonsina.
Otra, más pequeña, honra el velero
dibujado con carbón en las paredes del calabozo,
por la Mulata de Córdoba.
—Falta
que navegue—provoca
el vigilante, riendo.
—Mire
cómo navega—responde
la mujer.
Mi abuela cargando en el vientre a mi
madre, es como esa campesina, que
llevando granos, semillas y raíces,
aspira a alimentar al mundo.
Es esa guerrera de Japón, es Tomoe
Gozen levantando la katana,
luchando en las guerras Genpei y defendiendo los castillos:
a su alrededor caen los hombres y se
levantan las grullas.
Es esa mujer valiente, la vendedora
ambulante, la “madre coraje”
que huye de la guerra y que es símbolo
de alianza y de pérdidas irreparables.
Mi abuela embarazada de mi madre,
semeja un estramonio y es, a su vez,
la Flor
Blanca N°1 de Georgia O’Keeffe y La
feria de caballos de Rosa Bonheur,
esos de gesto desbocado y sorprendido
en carrera, como la tarde de Ada Salas.
Mi abuela Josefina Flores está en un
cuadro, es pintada por Mary Cassatt
y le está lavando, con dulzura de
óleos, los pies a mi madre.
Dentro de mi madre, en uno de sus
tantos óvulos, seguro estoy yo,
entre las montañas y los mares
rosados, gualdos y celestes,
como los imaginó Helen Frankenthaler.
Allí estoy, duermevela dentro de mi
madre, como en un poema
de Gabriela Mistral, yo soy su intento
de Ternura, su Niña errante y su Lagar.
Dentro de ellas dos, con ese calor tan
humano, se sienten
todas las formas del fuego, incluso
aquel que abrazó a Juana de Arco,
el mismo que incendió la fábrica Cotton de Nueva York, ese ocho de marzo.
Todas las luces arden dentro del
vientre: las cerillas, las estrellas y el brillo de los ojos,
incluso de aquellos apagados por la
violencia y el maltrato.
Es parte de la vida, pensarse tan
vulnerable, tan cuidada
dentro del líquido ambarino que forma
pequeñas olas de calcio, y entonces,
yo vuelvo a ser un barco, en cuyas
velas se trasparenta el sol más imperioso.
Mi mascarón de proa es una mujer
alada, como Berta Wilhelmi,
una mujer de color dorado que separa
los labios,
como cantando o lanzando un beso.
Yo insisto en mi abuela porque, aunque
su nombre no haya sido Ada Lovelace,
aunque su
nombre no fue Hipatia, ella me ofreció una historia,
me ofreció
un mundo de atardeceres en la orilla, corales y una madre.
Ella tejía,
desmenuzaba y deshacía como Penélope, como Ariadna o como Las Moiras;
en ese
vaivén caprichoso, casi sonámbulo y ávida de urdimbres,
al enhebrar
ofrecía, tejiendo, parte de mi memoria y de mi futuro.
Al pensar en
ella, en su sonrisa llena de violines como los de Maddalena Sirmen,
me pregunto
cuántas mujeres hay dentro de mí,
cuántas
manos, cuántos dedos, cuántos músculos escriben, desahogándose,
ahora,
conmigo estos versos libres, susurrantes y urgentes;
cuánta
sangre, cuantos huesos, cuántas voces acalladas de insomnio
remontan el horizonte
de estos verbos colmados de estrógeno.
Por eso, no
quiero dejar de gritar, por esta boca que yace escrita,
todas las
metáforas de la vida, todos los rostros que puede adoptar Dulcinea
y cada uno de
los nombres del amor, aunque se hayan olvidado.
No puedo
permitir que nos vayamos de este mundo cruel y hermoso
sin haberlo
convertido todo en la primavera de Emily Dickinson:
este poema
será tu pájaro que vuelve y tu árbol florecido.
Un árbol de
fruto generoso, donde mi abuela, como me contaba, en su infancia
llena de
ilusiones y de sueños puros, cosechaba las manzanas.
Primer premio de poesía en el Certamen Internacional Literario organizado por la fundación Resifro, “Residentes sin fronteras”, de La Plata, Buenos Aires y publicada en la Antología CIL 2023 (Agosto, 2023)
¡Migrar es un derecho! ¡Es libertad! La Fundación Resifro de la Plata, Buenos Aires, trabaja en pos de los derechos de refugiados y emigrantes y, desde hace dos años, organiza un Certamen Internacional en las categorías de poesía y microrrelato en donde se visibilizan experiencias de la inmigración.
En 2023, dos mendocinas nos llevamos los primeros premios, Fernanda Briz en microrrelato y yo, María Sofía Abarca, en poesía. ¡Muy orgullosa por este reconocimiento tan bonito!
LA PREGUNTA
Estoy
en la búsqueda de mis propias fronteras y me pregunto qué encontraré:
qué
tiene para darme esta tierra que recibió mi semilla y en dónde crecerán,
esperanzadas,
mis nuevas raíces habituadas al sustrato de otros suelos áridos.
A
veces, creo que estoy cultivada por el agua de lluvias emigrantes, por la luz
nunca
arrepentida del sol y por un idioma fundado a partir de revoluciones y de
guerras;
un
idioma cargado de muertes, de nacimientos, de viajes y de dioses forasteros.
En
esa sospecha fugaz de mi origen milagroso,
descubro
que soy hija de un mundo escindido:
una
de sus mitades vuelve a buscarte y la otra se queda sola, soñando.
Mi
hogar nunca tuvo forma de crisálida, nunca pude sostener yo sola
todos
mis truenos, pero me acostumbré a trasformar en mi casa las estrofas
del
himno gigante y generoso de mi país, acostumbré a construir mi casa
sobre
los versos de una oración de Santo Torino Romo, sobre el uso horario
que
me separa de tu abrazo, y sobre los kilómetros de mi incertidumbre.
Mi
lenguaje es parte de mi patria: en ella están impregnadas las conquistas,
los
gritos, los amores, los reencuentros y las creencias de los antepasados.
Mi
lengua madre no es más que otro inmigrante que ha tomado el barco
junto
con todos sus lexemas y su gramática apátrida; ha venido, embarazada
de
sus prefijos a construir su propia palabra, a dejarse polinizar por abejas nuevas
que,
por momentos, atraviesan la carne cansada con su aguijón de bienvenida.
Buscando,
vi niños solos, niños huyendo de la ruina y la persecución,
familias
amparadas solo por el desierto o el mar que debían cruzar
para
sanar aquellos símbolos de la violencia y del miedo.
Junto
las manos, veo que más que manos parecen las dos mitades de un nido
que
los pájaros migratorios de Mendoza han deshabitado, ahora lo adopto como mío:
escribe
palabras en otro idioma, protege, enlaza, toma otras manos
con
el color de un atardecer que veo por primera vez.
Todo
el tiempo, a pesar de mi buena fe, he formulado mal la pregunta,
he
malinterpretado la envergadura dormida de mis alas. Yo no busco, yo ofrezco.
La
pregunta siempre fue: ¿qué tengo yo para dar a esta tierra?
Ganador Certamen de Relato Corto Eufrasia Cabral
La nonna Josefina tenía veintiocho años y se sentía vieja. Se llamaba Josefina, pero todos la conocían como “Chicha”, aunque yo le decía, si...
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Uno de mis primeros poemas visuales fue finalista y expuesto en un certamen internacional. ¡Muy bien, pequeño! Muy contenta por este nuevo l...






