Plegaria por las abejas

Ni el frío las detiene en su imperiosa adoración por el perfume, en ese culto que conservan, como si estuvieran rezándole a un dios que se deja ver, luminoso, entre los pétalos, con el corazón hecho de miel.
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sábado, 6 de julio de 2024

Primer Premio en el IX Certamen de Microrrelatos Alborán.

El premio de microrrelato y poesía a
Alborán está organizado por "Amigos de la barca de la jábega". La jábega, el elemento que ha inspirado ambos textos que presenté al certamen, (microrrelato ganador y poesía finalista) es una embarcación con los ojos pintados en la proa.  Antiguamente, los fenicios recurrían a estás prácticas para espantar a los monstruos marinos y piratas. La tradición de la jábega es bellísima y eso quise plasmar en mis textos. 

¡Y no conforme con premiarme, me leyeron al lado del Mar Alborán que es verdadero protagonista de este certamen tan bonito!







sábado, 8 de junio de 2024

Tercer Lugar del IV Certamen Internacional Espejo de Alicante en la categoría Poesía de Expresión (verso irregular: libre)

Estoy muy feliz de anunciarles que han premiado mi poema "Reflejos"; uno de los aeronatos de mi poemario inédito. El premio me llega desde Alicante, España. 





REFLEJOS

La oscuridad de todas las vértebras ha nacido en el aire,
en la sospecha de ese rostro desaparecido que forma parte de la guerra,
de las bombas y de los gritos que escapan del miedo a perder la patria.
La imagen se dispersa, unívoca y sobreseída de sedimentos:
pólvora, arena, arcilla y socorros se debaten en su incensurable cerebro alado.
El espejo me desenfoca, me devuelve las bestias y los tulipanes,
es un cuasi-reflejo y yo soy el verbo pronominal;
soy le herida de una gramática vulnerada, sedienta de versos sin rima
que esparcen su destrucción libre llena de espacios en blanco y de rastros apresurados.
Cuando se despierte el mundo, abriré la lengua y saldrán los epílogos, veré
cómo le sale sangre a la palabra porque le han robado el corazón a la ausencia
y a esa familia que ha perdido a sus hijas.
Yo, con la voz intemperante, con el incendio de mi rostro hecho ventana
y caparazón sonámbulo voy a olvidar todas las formas esclavas de la luz,
que ahora, ajena, no me contesta; se desentiende de la tragedia
y me desconoce aquí, en la intimidad del olvido.
Mi espejo inédito se ha ido a vivir al aire; teme que, en cualquier momento,
la tierra se parta en dos y la grieta, consonante de despedidas,
devore la voz de los poetas, de los soldados caídos y de los inocentes.
¿Con qué autoridad le pido que regrese?
La dejé volar, la dejé perderse y la dejé ser herida abiertayderrota:
se ha ido como aquellos niños que nunca encontraron, se ha ido
como el sueño de volverme mujer, ácido y ardiente secreto.
No reconozco mis propios ojos cerrados, el retrato birlador me desencaja
todas las estrellas del iris desvelado hecho aljibe, me dispersa los museos de mis labios
desencontrados en un beso batiente y me desnivela el vuelo,
carnaval de alas desinteresadas, como si me premiara, con la caída,
con ese detener de abetos blancos bajo el sol de la tarde quieta.
El reflejo insiste en que ha nacido en la soledad del aire:
desde allí quiere desbandarse y desmerecer el vértigo de un vuelo contrariado.
—¡No saltes!— me grito, sin saber ya mi lenguaje.
No hubo banderas que detuvieran el tiempo frío de la cicatriz
y la caída se escuchó, desde la altura impía, como un disparo,
como el tambor que ajustó cada una de las sílabas de tu nombre.
La lágrima sagrada, urgente de paraísos etéreos, se volvió el silencio
de esas palabras quizás soñadas o desacostumbradas a la boca,
y se clavó en mi inmensidad como una espada que nunca ha visto el cielo.

lunes, 22 de abril de 2024

Seleccionada por la Asociación Cultural Le Circle de la Pobla de Valbona, para integrar la exposición de Haikus, en La Casa Gran, en el marco del I Certamen de Haikus organizado por la asociación. (Enero, 2024).

 

¡Hasta la Pobla de Valbona han llegado las abejas de Mendoza! El certamen consistía en un haiku con temática sobre la naturaleza, al que podía agregarse una imagen.


Rescate

Abeja, vive:

las flores ya abrieron.

No tengas miedo.




Segundo Premio del II Certamen Berta Wilhelmi organizado por el Ayuntamiento Pinos Genil de Granada, en el programa de las II Jornadas Berta Wilhelmi con la temática “Historias de mujeres” y publicada en la antología de poemas ganadores y finalistas (Marzo, 2024).

 

Su nombre resuena en España y en Pinos Genil que organiza, desde hace ya dos años, un certamen de poesía sobre "Historias de mujeres", en la Clausura de las Jornadas sobre Berta Wilhelmi. 

Mi poema se congració con el segundo lugar y aquí lo publico. ¡Muchas gracias al Ayuntamiento de Pinos Genil y a la Diputación de Granada por este reconocimiento tan bonito!



El cantar de las flores




Una mujer llevando a otra, ambas vivas, orgullosas y bendecidas.

Una, más grande, parece el mar bravío, de corazón encrespado y salado,

aquel de jardines profundos y de caracolas que recibieron a Alfonsina.

Otra, más pequeña, honra el velero dibujado con carbón en las paredes del calabozo,

por la Mulata de Córdoba.

—Falta que navegue—provoca el vigilante, riendo.

—Mire cómo navega—responde la mujer.

Mi abuela cargando en el vientre a mi madre, es como esa campesina, que

llevando granos, semillas y raíces, aspira a alimentar al mundo.

Es esa guerrera de Japón, es Tomoe Gozen levantando la katana,

luchando en las guerras Genpei y defendiendo los castillos:

a su alrededor caen los hombres y se levantan las grullas.

Es esa mujer valiente, la vendedora ambulante, la “madre coraje”

que huye de la guerra y que es símbolo de alianza y de pérdidas irreparables.

Mi abuela embarazada de mi madre, semeja un estramonio y es, a su vez,

la Flor Blanca N°1 de Georgia O’Keeffe y La feria de caballos de Rosa Bonheur,

esos de gesto desbocado y sorprendido en carrera, como la tarde de Ada Salas.

Mi abuela Josefina Flores está en un cuadro, es pintada por Mary Cassatt

y le está lavando, con dulzura de óleos, los pies a mi madre.

Dentro de mi madre, en uno de sus tantos óvulos, seguro estoy yo,

entre las montañas y los mares rosados, gualdos y celestes,

como los imaginó Helen Frankenthaler.

Allí estoy, duermevela dentro de mi madre, como en un poema

de Gabriela Mistral, yo soy su intento de Ternura, su Niña errante y su Lagar.

Dentro de ellas dos, con ese calor tan humano, se sienten

todas las formas del fuego, incluso aquel que abrazó a Juana de Arco,

el mismo que incendió la fábrica Cotton de Nueva York, ese ocho de marzo.

Todas las luces arden dentro del vientre: las cerillas, las estrellas y el brillo de los ojos,

incluso de aquellos apagados por la violencia y el maltrato.

Es parte de la vida, pensarse tan vulnerable, tan cuidada

dentro del líquido ambarino que forma pequeñas olas de calcio, y entonces,

yo vuelvo a ser un barco, en cuyas velas se trasparenta el sol más imperioso.

Mi mascarón de proa es una mujer alada, como Berta Wilhelmi,

una mujer de color dorado que separa los labios,

como cantando o lanzando un beso.

Yo insisto en mi abuela porque, aunque su nombre no haya sido Ada Lovelace,

aunque su nombre no fue Hipatia, ella me ofreció una historia,

me ofreció un mundo de atardeceres en la orilla, corales y una madre.

Ella tejía, desmenuzaba y deshacía como Penélope, como Ariadna o como Las Moiras;

en ese vaivén caprichoso, casi sonámbulo y ávida de urdimbres,

al enhebrar ofrecía, tejiendo, parte de mi memoria y de mi futuro.

Al pensar en ella, en su sonrisa llena de violines como los de Maddalena Sirmen,

me pregunto cuántas mujeres hay dentro de mí,

cuántas manos, cuántos dedos, cuántos músculos escriben, desahogándose,

ahora, conmigo estos versos libres, susurrantes y urgentes;

cuánta sangre, cuantos huesos, cuántas voces acalladas de insomnio

remontan el horizonte de estos verbos colmados de estrógeno.

Por eso, no quiero dejar de gritar, por esta boca que yace escrita,

todas las metáforas de la vida, todos los rostros que puede adoptar Dulcinea

y cada uno de los nombres del amor, aunque se hayan olvidado.

No puedo permitir que nos vayamos de este mundo cruel y hermoso

sin haberlo convertido todo en la primavera de Emily Dickinson:

este poema será tu pájaro que vuelve y tu árbol florecido.

Un árbol de fruto generoso, donde mi abuela, como me contaba, en su infancia

llena de ilusiones y de sueños puros, cosechaba las manzanas.

Primer premio de poesía en el Certamen Internacional Literario organizado por la fundación Resifro, “Residentes sin fronteras”, de La Plata, Buenos Aires y publicada en la Antología CIL 2023 (Agosto, 2023)

¡Migrar es un derecho! ¡Es libertad! La Fundación Resifro de la Plata, Buenos Aires, trabaja en pos de los derechos de refugiados y emigrantes y, desde hace dos años, organiza un Certamen Internacional en las categorías de poesía y microrrelato en donde se visibilizan experiencias de la inmigración.

En 2023, dos mendocinas nos llevamos los primeros premios, Fernanda Briz en microrrelato y yo, María Sofía Abarca, en poesía. ¡Muy orgullosa por este reconocimiento tan bonito!



LA PREGUNTA



Estoy en la búsqueda de mis propias fronteras y me pregunto qué encontraré:

qué tiene para darme esta tierra que recibió mi semilla y en dónde crecerán,

esperanzadas, mis nuevas raíces habituadas al sustrato de otros suelos áridos.

A veces, creo que estoy cultivada por el agua de lluvias emigrantes, por la luz

nunca arrepentida del sol y por un idioma fundado a partir de revoluciones y de guerras;

un idioma cargado de muertes, de nacimientos, de viajes y de dioses forasteros.

En esa sospecha fugaz de mi origen milagroso,

descubro que soy hija de un mundo escindido:

una de sus mitades vuelve a buscarte y la otra se queda sola, soñando.

Mi hogar nunca tuvo forma de crisálida, nunca pude sostener yo sola

todos mis truenos, pero me acostumbré a trasformar en mi casa  las estrofas

del himno gigante y generoso de mi país, acostumbré a construir mi casa

sobre los versos de una oración de Santo Torino Romo, sobre el uso horario

que me separa de tu abrazo, y sobre los kilómetros de mi incertidumbre.

Mi lenguaje es parte de mi patria: en ella están impregnadas las conquistas,

los gritos, los amores, los reencuentros y las creencias de los antepasados.

Mi lengua madre no es más que otro inmigrante que ha tomado el barco

junto con todos sus lexemas y su gramática apátrida; ha venido, embarazada

de sus prefijos a construir su propia palabra, a dejarse polinizar por abejas nuevas

que, por momentos, atraviesan la carne cansada con su aguijón de bienvenida.

Buscando, vi niños solos, niños huyendo de la ruina y la persecución,

familias amparadas solo por el desierto o el mar que debían cruzar

para sanar aquellos símbolos de la violencia y del miedo.

Junto las manos, veo que más que manos parecen las dos mitades de un nido

que los pájaros migratorios de Mendoza han deshabitado, ahora lo adopto como mío:

escribe palabras en otro idioma, protege, enlaza, toma otras manos

con el color de un atardecer que veo por primera vez.

Todo el tiempo, a pesar de mi buena fe, he formulado mal la pregunta,

he malinterpretado la envergadura dormida de mis alas. Yo no busco, yo ofrezco.

La pregunta siempre fue: ¿qué tengo yo para dar a esta tierra?





Ganador Certamen de Relato Corto Eufrasia Cabral

La nonna Josefina tenía veintiocho años y se sentía vieja. Se llamaba Josefina, pero todos la conocían como “Chicha”, aunque yo le decía, si...